Mis primeros cuernos
Queridos amigos, os paso a relatar lo que ocurrió en mi vida hace tres años aproximadamente. Mi mujer y yo llevávamos casados entonces unos catorce años. No digo que nuestra convivencia fuera un lujo, tampoco un desastre. TenÃamos nuestros problemas como todo hijo de vecino pero ocurrió algo que le dió un giro a nuestras vidas de forma inesperada.
Omitiré cualquier nombre, tan sólo os diré que por entonces tenÃamos 39 y 36 años. Ella es una mujer de 1´65, morena, ojos oscuros, labios sensuales, un pecho elevado de talla 100 y unas curvas en sus muslos y culo que para sà las quisieran muchas veinteañeras. Sin ser delgada, tiene unas formas de infarto aderezadas con tacones altos que no hacen sino realzar sus preciosas piernas.
Como os decÃa, ocurrió algo inesperado. Comenzó a sufrir dolencias en el endometrio y ovarios. Tras acudir al especialista, éste diagnosticó una endometriosis con quistes que ocasionaban mucho dolor, el cual llegaba de cualquier modo y sin avisar. Nuestras relaciones comenzaron a ir de mal en peor. Cualquier intento de penetración, caricias o similar se convertÃa en un mal rato. Acabábamos siempre de la misma forma: Ella tenÃa que parar, a veces muy enfadada por no lograr su orgasmo y al principio me hacÃa una paja o me la mamaba (según la excitación y el momento) pero en otras ocasiones me tocaba envainarla y guardarme la polla con lo cojones a punto de nieve. Sólo un inciso: Tiene una boca deliciosa y hace unas mamadas de vicio…
Lo que comenzó asÃ, pasó a ser rutina. Y claro está, pasaban semanas sin tocarnos. Encima el médico, procuraba a base de medicación solucionar el problema, pero no daba resultado con lo que la situación se fue tornando insoportable. Pasaron los meses (sà amigos, meses) hasta que pareció llegar la solución definitiva: Interveción quirúrgica. Vi la luz. Por fin se acabó nuestro via crucis. Nada. Todo se volvió peor. Y aquà realmente empieza mi relato de los hechos.
Nos dijeron que paciencia, que habÃa que ir despacio, que esto no era llegar y besar el santo. Le extirparon la matriz y el perÃodo de curación se alargó y de qué manera por lo que tuvo una baja muy prolongada, mucho tiempo en casa, sin hacer nada……y con un ordenador e internet a su disposición. Se pasaba las horas muertas delante del pc…cuando yo no estaba. Lo deducÃa por las páginas visitadas en el historial: Chat, encuentros, charlas… Y, por supuesto, cualquier intento de acercamiento por mi parte era disuelto con un “aún no estoy recuperada cariño” o “necesito más tiempo mi amor”…. Lo comenté con un Ãntimo amigo y éste me propuso instalar un programa de esos que “graban” conversaciones en lÃnea. Dicho y hecho. A la semana tenÃa ante mi sus charlas de messenger que iban y venÃan con tipos distintos. HabÃa ido agregando amistades (hombres más que nada) hasta “quedarse” especialmente con un chico en particular de raza negra.
Primero fueron conversaciones nada triviales, de cómo estás, me alegro de verte, cuánto tiempo….De ahà se pasó al “me gusta charlar contigo”, “cuando te conectas otra vez”… Todo ello dio paso al querer conocerse. Antes, como no pudo ser de otra manera, se fueron intercambiando fotos mutuamente. Mi mujer le enviaba algunas normales primero, luego en sostén y, más adelante en tanga o sin braguita con su culo en pompa a lo que el muchacho le contestaba que se morÃa de ganas de tenerla delante de él, que no podÃa más y que la visión de ella le ponÃa la polla muy dura y estaba deseando follársela…El muchacho también le enviaba fotos, poseÃa un cuerpo de gimnasio, pectorales marcados, brazos definidos y una polla de más de veinte centÃmetros con motivos más que suficientes para que a mi mujer se le hiciese caldo su delicioso coño.
A todo esto, ella también llevaba el mismo tiempo sin follar que yo, por lo que le contaba cosas inconfesables de lo que le harÃa cuando lo tuviera delante.. Yo me morÃa sólo al pensar en lo que la boca y garganta de mi mujer serÃan capaces de hacer con esa pedazo de polla. Y más aún con el periodo de abstinencia que acumulaba.
Y llegó el gran dÃa. No sabÃa qué hacer. HabÃan quedado para una noche en concreto. Es más, en la última conversación que leÃ, él la ponÃa al corriente que llevaba más de un mes sin masturbarse y adjuntaba una foto de su polla y testÃculos en plena erección, con todas sus venas marcadas y unos huevos que por el tamaño y grosor almacenaban una cantidad enorme de semen. Debo reconocer que aunque nunca me sentà homosexual, reconocÃa normal que una mujer se sintiese atraÃda por semejante pedazo de carne y se muriera de ganas por tener dentro esa hermosa polla.
HabÃan quedado para un par de semanas después. Yo no sabÃa qué hacer. Mi amigo me serenó. Me dijo que instalarÃamos en casa unas cámaras muy pequeñas (es un experto de la electrónica) que conectaban directamente con el pc mediante un bluetooth, de forma limpia y sin cables, asà todo quedarÃa registrado en una carpeta personal de mis archivos, los cuales tenÃa protegidos bajo contraseña.
Hasta ahà todo perfecto. Siempre me dijo que de nada servÃa revelar mi secreto y que la habÃa descubierto pues, en realidad, ella no habÃa hecho nada hasta ahora y nada conseguirÃa con tales acusaciones. Le creÃ. Lo malo era tener que esperar a que me pusiese los cuernos para poder acusarla después. Pensé que serÃa lo mejor.
La noche de la cita, me tocaba trabajar de noche (la eligió de forma perfecta) pero lo que no supo es que en semejantes condiciones nunca hubiera podido ir a trabajar, sabiendo que en casa se la está follando un tipo con una polla enorme. Asà que me fui de copas, a distraerme, a pasar de todo. Me costó, pero unas cuantas copas de más me ayudaron a desinhibirme e intentar pasar de todo. Tampoco iba a ser el primer cornudo de la historia. Ni el último.
Como de costumbre llegué pasadas las siete de la mañana. Me fui a la ducha. Ella dormÃa profundamente y ni se enteró de mi llegada. Me acosté y miento si afirmo que logré conciliar el sueño… Al dÃa siguiente parecÃa adormecida continuamente, decÃa que no habÃa podido pegar ojo, sólo el brillo de los ojos la delataba. No obstante, no fue hasta pasados unos dÃas que no pude ver el contenido de la grabación. Ella se fue con sus amigas del trabajo, a las que hacÃa tiempo que no veÃa y asà me preparé para ver lo grabado en mi pc.
Las primeras imágenes eran de mi salón, donde hizo pasar al muchacho. TendrÃa unos treinta años, alto y bien parecido como os indiqué. Ella lo esperaba con un vestido muy fino de tirantes que marcaban sus pechos deliciosos, por supuesto sin sujetador y que dejaban ver sus preciosas piernas que acababan en unos zapatos que realzaban su esbelta figura. Estaba para comérsela. Y se la comió.
Le invitó a una copa y se sentaron en el sofá. Después de unos minutos de charla, se fueron arrimando, ella se dejó besar el cuello, las orejas, los labios, se empezaron a comer la boca, los labios de él mordÃan los de mi esposa, ella querÃa más… Sin pensarlo dos veces, él tenÃa la mano metida en los muslos de mi mujer y cada vez subÃa más arriba, ella abrÃa su camisa y acariciaba su pecho, besaba sus labios y mordÃa sus pezones, se estaba volviendo loca de deseo con sus cabeza metida en su torso. Él, cómo no, se dejaba hacer hasta que ella comenzó a pasar la mano por la entrepierna y éste reaccionó enseguida: Soltó la copa, se abrió el pantalón y sacó la polla en un santiamén. No tuve más que ver la cara de alegrÃa que puso mi esposa. Él la guió con sus manos, cogió su carita, le regó los labios con un morreo impresionante y le metió la polla en la boca. Era digno de ver. Sus labios se dilataban e intentaban tragar cada vez más verga, llegaba hasta la mitad y subÃa, bajaba hasta que su garganta daba el tope, volvÃa a subir, primero despacio para subir la cadencia y el ritmo de su mamada, él soplaba y su cabeza bailaba en todas direcciones hasta que la agarró del pelo y le dijo que parase, que lo estaba matando y que llevaba mucho tiempo sin correrse. La verdad es que su polla brillaba, majestuosa, cada vez que mi mujer le daba un respiro. Se levantaron y salieron dirección al dormitorio y allÃ, él tomó el mando. Se desnudaron por completo, la puso a cuatro patas sobre la cama, abrió su culo (precioso), mostró y se recreó en su coño depilado que empezó a comer de forma desesperada. Su cabeza subÃa y bajaba paladeando bien todos los jugos que mi mujer, de forma abundante, fluÃan sin parar. Ella gemÃa al principio, suspiró después para más tarde berrear ante la llegada de un orgasmo fulminante. No sacó la boca y siguió matando con su lengua el dilatado coño de mi mujer. Ella, indefensa por la postura, sólo podÃa hundir la cara en las sábanas y gritar los continuos orgasmos que sufrÃa…Por fin, ella le pidió que la follara, y lo hizo.
En esa misma posición, levantó su culo un poco, apoyó el capullo en la entrada y poco a poco se hizo sitio en el coño de mi mujer que, muy dilatada, le decÃa que le diera más fuerte. Le hizo caso y comenzó un bombeo profundo mientras le agarraba las caderas y le abrÃa el culo. Sólo se veÃa entrar y salir carne negra del coño de mi mujer, cada vez a mayor velocidad.. Conté unos quince minutos en esa postura y unos tres orgasmos seguidos más de mi “linda” mujer… Luego cambió de postura, ella se sentó a horcajadas sobre su negro amigo y su negra polla dejando caer sus nalgas que chocaban ruidosamente con los muslos de él. Mientras ella se corrÃa otro par de veces, él mordisqueaba sus pezones incrementando asà el placer que ésta recibÃa.. Por fin se salió de su interior, el negro ya no podÃa más, estaba en trance y sus huevos estaban a punto de explotar, y la boca de mi esposa era el mejor medicamento para saciar su dolor.
Le agarró los huevos con una mano, con la otra rodeó su polla, y su boca comenzó un bombeo que hubiese matado cualquier erección normal, pero la del muchacho no era una erección cualquiera, era descomunal. Pero llegó. Avisó él, mamó y tragó ella. Sus espasmos eran brutales. Ella recogÃa y tragaba momentos después la catarata de semen que enviaba el semental. La sacó de su boca pero el le indicó que mamara un poco más. Primero con la mano, continuó con la lengua y volvió a metérsela entera en la boca. Esta vez utilizó su garganta y se corrió directamente en ella, ella tragó con deleite toda su leche… Se despidieron en la puerta con un cálido beso, ella se acercó a la ducha y allà eximió su cuerpo y lavó sus pecados. Entre caricias, besos, orgasmos y mamadas habÃan pasado cerca de tres horas en las que yo, absorto, pude contemplar lo maravillosamente puta que era mi mujer y lo feliz y satisfecha que se quedó tras recibir aquella pedazo de polla y el uso que hizo de su negro amigo.
Fuente: www.relatos7.com
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