Mis primeros cuernos

3 Diciembre 2009 | Relatos de infidelidad | Tags: ,

Queridos amigos, os paso a relatar lo que ocurrió en mi vida hace tres años aproximadamente. Mi mujer y yo llevávamos casados entonces unos catorce años. No digo que nuestra convivencia fuera un lujo, tampoco un desastre. Teníamos nuestros problemas como todo hijo de vecino pero ocurrió algo que le dió un giro a nuestras vidas de forma inesperada.

Omitiré cualquier nombre, tan sólo os diré que por entonces teníamos 39 y 36 años. Ella es una mujer de 1´65, morena, ojos oscuros, labios sensuales, un pecho elevado de talla 100 y unas curvas en sus muslos y culo que para sí las quisieran muchas veinteañeras. Sin ser delgada, tiene unas formas de infarto aderezadas con tacones altos que no hacen sino realzar sus preciosas piernas.

Como os decía, ocurrió algo inesperado. Comenzó a sufrir dolencias en el endometrio y ovarios. Tras acudir al especialista, éste diagnosticó una endometriosis con quistes que ocasionaban mucho dolor, el cual llegaba de cualquier modo y sin avisar. Nuestras relaciones comenzaron a ir de mal en peor. Cualquier intento de penetración, caricias o similar se convertía en un mal rato. Acabábamos siempre de la misma forma: Ella tenía que parar, a veces muy enfadada por no lograr su orgasmo y al principio me hacía una paja o me la mamaba (según la excitación y el momento) pero en otras ocasiones me tocaba envainarla y guardarme la polla con lo cojones a punto de nieve. Sólo un inciso: Tiene una boca deliciosa y hace unas mamadas de vicio…

Lo que comenzó así, pasó a ser rutina. Y claro está, pasaban semanas sin tocarnos. Encima el médico, procuraba a base de medicación solucionar el problema, pero no daba resultado con lo que la situación se fue tornando insoportable. Pasaron los meses (sí amigos, meses) hasta que pareció llegar la solución definitiva: Interveción quirúrgica. Vi la luz. Por fin se acabó nuestro via crucis. Nada. Todo se volvió peor. Y aquí realmente empieza mi relato de los hechos.

Nos dijeron que paciencia, que había que ir despacio, que esto no era llegar y besar el santo. Le extirparon la matriz y el período de curación se alargó y de qué manera por lo que tuvo una baja muy prolongada, mucho tiempo en casa, sin hacer nada……y con un ordenador e internet a su disposición. Se pasaba las horas muertas delante del pc…cuando yo no estaba. Lo deducía por las páginas visitadas en el historial: Chat, encuentros, charlas… Y, por supuesto, cualquier intento de acercamiento por mi parte era disuelto con un “aún no estoy recuperada cariño” o “necesito más tiempo mi amor”…. Lo comenté con un íntimo amigo y éste me propuso instalar un programa de esos que “graban” conversaciones en línea. Dicho y hecho. A la semana tenía ante mi sus charlas de messenger que iban y venían con tipos distintos. Había ido agregando amistades (hombres más que nada) hasta “quedarse” especialmente con un chico en particular de raza negra.

Primero fueron conversaciones nada triviales, de cómo estás, me alegro de verte, cuánto tiempo….De ahí se pasó al “me gusta charlar contigo”, “cuando te conectas otra vez”… Todo ello dio paso al querer conocerse. Antes, como no pudo ser de otra manera, se fueron intercambiando fotos mutuamente. Mi mujer le enviaba algunas normales primero, luego en sostén y, más adelante en tanga o sin braguita con su culo en pompa a lo que el muchacho le contestaba que se moría de ganas de tenerla delante de él, que no podía más y que la visión de ella le ponía la polla muy dura y estaba deseando follársela…El muchacho también le enviaba fotos, poseía un cuerpo de gimnasio, pectorales marcados, brazos definidos y una polla de más de veinte centímetros con motivos más que suficientes para que a mi mujer se le hiciese caldo su delicioso coño.

A todo esto, ella también llevaba el mismo tiempo sin follar que yo, por lo que le contaba cosas inconfesables de lo que le haría cuando lo tuviera delante.. Yo me moría sólo al pensar en lo que la boca y garganta de mi mujer serían capaces de hacer con esa pedazo de polla. Y más aún con el periodo de abstinencia que acumulaba.

Y llegó el gran día. No sabía qué hacer. Habían quedado para una noche en concreto. Es más, en la última conversación que leí, él la ponía al corriente que llevaba más de un mes sin masturbarse y adjuntaba una foto de su polla y testículos en plena erección, con todas sus venas marcadas y unos huevos que por el tamaño y grosor almacenaban una cantidad enorme de semen. Debo reconocer que aunque nunca me sentí homosexual, reconocía normal que una mujer se sintiese atraída por semejante pedazo de carne y se muriera de ganas por tener dentro esa hermosa polla.

Habían quedado para un par de semanas después. Yo no sabía qué hacer. Mi amigo me serenó. Me dijo que instalaríamos en casa unas cámaras muy pequeñas (es un experto de la electrónica) que conectaban directamente con el pc mediante un bluetooth, de forma limpia y sin cables, así todo quedaría registrado en una carpeta personal de mis archivos, los cuales tenía protegidos bajo contraseña.

Hasta ahí todo perfecto. Siempre me dijo que de nada servía revelar mi secreto y que la había descubierto pues, en realidad, ella no había hecho nada hasta ahora y nada conseguiría con tales acusaciones. Le creí. Lo malo era tener que esperar a que me pusiese los cuernos para poder acusarla después. Pensé que sería lo mejor.

La noche de la cita, me tocaba trabajar de noche (la eligió de forma perfecta) pero lo que no supo es que en semejantes condiciones nunca hubiera podido ir a trabajar, sabiendo que en casa se la está follando un tipo con una polla enorme. Así que me fui de copas, a distraerme, a pasar de todo. Me costó, pero unas cuantas copas de más me ayudaron a desinhibirme e intentar pasar de todo. Tampoco iba a ser el primer cornudo de la historia. Ni el último.

Como de costumbre llegué pasadas las siete de la mañana. Me fui a la ducha. Ella dormía profundamente y ni se enteró de mi llegada. Me acosté y miento si afirmo que logré conciliar el sueño… Al día siguiente parecía adormecida continuamente, decía que no había podido pegar ojo, sólo el brillo de los ojos la delataba. No obstante, no fue hasta pasados unos días que no pude ver el contenido de la grabación. Ella se fue con sus amigas del trabajo, a las que hacía tiempo que no veía y así me preparé para ver lo grabado en mi pc.

Las primeras imágenes eran de mi salón, donde hizo pasar al muchacho. Tendría unos treinta años, alto y bien parecido como os indiqué. Ella lo esperaba con un vestido muy fino de tirantes que marcaban sus pechos deliciosos, por supuesto sin sujetador y que dejaban ver sus preciosas piernas que acababan en unos zapatos que realzaban su esbelta figura. Estaba para comérsela. Y se la comió.

Le invitó a una copa y se sentaron en el sofá. Después de unos minutos de charla, se fueron arrimando, ella se dejó besar el cuello, las orejas, los labios, se empezaron a comer la boca, los labios de él mordían los de mi esposa, ella quería más… Sin pensarlo dos veces, él tenía la mano metida en los muslos de mi mujer y cada vez subía más arriba, ella abría su camisa y acariciaba su pecho, besaba sus labios y mordía sus pezones, se estaba volviendo loca de deseo con sus cabeza metida en su torso. Él, cómo no, se dejaba hacer hasta que ella comenzó a pasar la mano por la entrepierna y éste reaccionó enseguida: Soltó la copa, se abrió el pantalón y sacó la polla en un santiamén. No tuve más que ver la cara de alegría que puso mi esposa. Él la guió con sus manos, cogió su carita, le regó los labios con un morreo impresionante y le metió la polla en la boca. Era digno de ver. Sus labios se dilataban e intentaban tragar cada vez más verga, llegaba hasta la mitad y subía, bajaba hasta que su garganta daba el tope, volvía a subir, primero despacio para subir la cadencia y el ritmo de su mamada, él soplaba y su cabeza bailaba en todas direcciones hasta que la agarró del pelo y le dijo que parase, que lo estaba matando y que llevaba mucho tiempo sin correrse. La verdad es que su polla brillaba, majestuosa, cada vez que mi mujer le daba un respiro. Se levantaron y salieron dirección al dormitorio y allí, él tomó el mando. Se desnudaron por completo, la puso a cuatro patas sobre la cama, abrió su culo (precioso), mostró y se recreó en su coño depilado que empezó a comer de forma desesperada. Su cabeza subía y bajaba paladeando bien todos los jugos que mi mujer, de forma abundante, fluían sin parar. Ella gemía al principio, suspiró después para más tarde berrear ante la llegada de un orgasmo fulminante. No sacó la boca y siguió matando con su lengua el dilatado coño de mi mujer. Ella, indefensa por la postura, sólo podía hundir la cara en las sábanas y gritar los continuos orgasmos que sufría…Por fin, ella le pidió que la follara, y lo hizo.

En esa misma posición, levantó su culo un poco, apoyó el capullo en la entrada y poco a poco se hizo sitio en el coño de mi mujer que, muy dilatada, le decía que le diera más fuerte. Le hizo caso y comenzó un bombeo profundo mientras le agarraba las caderas y le abría el culo. Sólo se veía entrar y salir carne negra del coño de mi mujer, cada vez a mayor velocidad.. Conté unos quince minutos en esa postura y unos tres orgasmos seguidos más de mi “linda” mujer… Luego cambió de postura, ella se sentó a horcajadas sobre su negro amigo y su negra polla dejando caer sus nalgas que chocaban ruidosamente con los muslos de él. Mientras ella se corría otro par de veces, él mordisqueaba sus pezones incrementando así el placer que ésta recibía.. Por fin se salió de su interior, el negro ya no podía más, estaba en trance y sus huevos estaban a punto de explotar, y la boca de mi esposa era el mejor medicamento para saciar su dolor.

Le agarró los huevos con una mano, con la otra rodeó su polla, y su boca comenzó un bombeo que hubiese matado cualquier erección normal, pero la del muchacho no era una erección cualquiera, era descomunal. Pero llegó. Avisó él, mamó y tragó ella. Sus espasmos eran brutales. Ella recogía y tragaba momentos después la catarata de semen que enviaba el semental. La sacó de su boca pero el le indicó que mamara un poco más. Primero con la mano, continuó con la lengua y volvió a metérsela entera en la boca. Esta vez utilizó su garganta y se corrió directamente en ella, ella tragó con deleite toda su leche… Se despidieron en la puerta con un cálido beso, ella se acercó a la ducha y allí eximió su cuerpo y lavó sus pecados. Entre caricias, besos, orgasmos y mamadas habían pasado cerca de tres horas en las que yo, absorto, pude contemplar lo maravillosamente puta que era mi mujer y lo feliz y satisfecha que se quedó tras recibir aquella pedazo de polla y el uso que hizo de su negro amigo.

Fuente: www.relatos7.com

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