Mi vecina mulata Inés
 Hola son Ramón y quiero relatarles lo que me sucedió con mi vecinita, la cual es negrita, más bien es mulata, ella esta casada y vive con su negro esposo en un apartamento de un edificio que es vecino nuestro.
Yo estoy casado y fue mi mujer la primera que tuvo amistad con ellos, un par de veces llegaron en pareja a nuestro apartamento a cenar. La chica se llama Ines, de unos 23 años, uno de casada. Mi esposa me comentó en una ocasión que Ines le habÃa confesado que tenÃa muchos problemas con su esposo Anthony, ya que era muy celoso y siempre estaba de mal humor, sobre todo cuando a ella la saludaban sus amigos hombres o la llamaban al movil, le armaba un lio en la casa y a veces estas peleas duraban una o dos semanas.
Ines es una mujer de talla baja, 1.65 mts, tiene una cintura de avispa, un par de senos grandes para su torso delgado y como buena mujer de color, se carga un trasero bien parado, ella lo sabe y creo que por eso utiliza pantalones jeans bastante apretados.
En ese mes que sucedió el relato yo estaba de vacaciones de la empresa para la cual laboro. Cierta noche, mi mujer habÃa salido a la casa de una amiga y sonó el teléfono, era Inés, se notaba bastante alterada su voz, me preguntó rápidamente por mi esposa, yo le dije que no se encontraba, fue entonces cuando me dijo que por favor llegara a su casa que habÃan tenido un problema con Anthony y que él la habÃa golpeado, yo no sabÃa que hacer, pero ella me suplicó que la ayudara. – Esta bien!, voy para allá- le dije.
Me tardé unos diez minutos en llegar, de hecho, no querÃa ir, ya que los problemas maritales se deben arreglar sin meter a terceros en ellos, al menos eso habÃa aprendido en mis siete años de casado.
Cuando toqué la puerta, Inés me abrió la puerta y se me tiró al cuello llorando, la consolé y le pregunté por su marido, me dijo que se habÃa ido cuando ella lo amenazó con llamar a la policÃa. La miré a la cara y ella tenÃa un golpe en el pomulo izquierdo, que amenazaba con hincharse. La llevé al sofa y la calmé diciéndole que todo saldrÃa bien y que debÃa ser fuerte. Ella se desahogó llorando un rato. Le fui a traer agua a la cocina y busque en el botiquÃn del baño alguna pastilla que fuera tranquilizante, encontré una y se la llevé con todo y el agua. Debo indicarles que hasta ese momento yo no me imaginaba que podÃa haber algo con Inés, si era una negrita bien atractiva, pero no me pasaba nada por la mente.
Estuve con ella una media hora, hablándole hasta que se tranquilizó, durante ese tiempo me contó que el problema habÃa sido de nuevo celos, por una llamada que el encontró en su móvil, ella me explicó que era de un primo que la querÃa mucho y que le habÃa dejado un mensaje de voz bastante cariñoso. Y que eso fue lo que puso a su marido violento. Por la pastilla tranquilizante que habÃa tomado, Inés se quedó relajada abrazada a mi torso, luego se compuso en posición casi fetal y se quedó dormida en mis brazos. Hasta ese momento me quedé viendo su lindo cuerpo, tenÃa una blusa de tirantes, que resataban la belleza de su senos, sus pezones se pegaban a su blusa, era obvio que no tenÃa brazier, tenÃa una falda que llegaba hasta debajo de las rodillas, sin embargo en la posición que se quedó dormida, su falda se habÃa levantado un poco y se podÃan ver sus definidas pantorrillas y sus muslos. Realmente era una mulatita bien construida.
Cuando pasaron ya como una hora, tomé la iniciativa de llevarla a su cama, la cargué, ella se pegó a mi y me rodeó con sus brazos delgados, la dejé en su cama, la coloqué, su falda se habÃa subido casi hasta sus muslos, cuando levanté su falda que habÃa quedado prensada por sus piernas, lo levanté demasiado y pude ver el bikini que tenÃa puesto, sus curvas eran espectaculares. Rápidamente le compuse su falda, ella seguÃa dormida, le di un beso en la frente y salà de su apartamento.
En casa le conté lo sucedido a mi mujer, claro sin las últimas partes, ella me felicitó por haber apoyado a Inés. Ella la llamó al otro dÃa para preguntar como habÃa seguido y le comentó que yo estaba de vacaciones y que no dudara en llamarme si Anthony regresaba violento. Inés agradeció el ofrecimiento. Claro que yo estaba muy de acuerdo. Los siguientes dÃas estuve visitando a Inés, platicabamos amenamente casi por dos horas, ella preparaba alguna merienda y fui notando que cada vez se ponÃa ropa mucho más sexy, al parecer era la ropa que a ella le gustaba, pero por los celos del marido no solÃa ponerselas. Y su marido?, tenÃa dÃas de no llegar a dormir, solo habÃa hablado con ella un par de veces, casi exigiendo el divorcio y habÃan discutido alteradamente.
Y asi llegó el dÃa, luego del almuerzo, llamó Inés diciéndome que llegara a su apartamento, asi lo hice, casi corrà hasta allÃ. Cuando abrió la puerta, me di cuenta que estaba vestida como un angel. Zapatos de tacón, un top corto que enseñaba su ombligo, una mini negra que dejaba poco para imaginar sus muslos. No pude menos que mojar mi boca, estaba deseable y ella lo sabÃa.
Me pasó a la sala, me sentó allà y se puso a mi lado, me agradeció mi solidaridad y apoyo y me dijo que habÃa preparado un pequeño pie de queso y querÃa compartirlo conmigo su salvador, según me exclamó. Se veÃa preciosa cuando se levantó hacia la cocina, todo su cuerpo expiraba deseo y sexo. Cuando me trajo el pie y algo que tomar, alli fue que le pregunté por su marido. Ella me dijo que él se habÃa comunicado por la mañana y que se habÃa ido con su madre, quien está en otra ciudad. Cuando terminó de decirme eso, fue el detonante para mi falo, mi verga empezó a crecer dentro de mis pantalones, Inés estaba totalmente sola conmigo en su apartamento, vestida sexy y provocativa. Fue allà que entablamos una conversación bastante personal e intima en algunos momentos, como no quiero perder tiempo en eso, lo último que me dijo antes que yo me avalanzara sobre ella fue -Ramón, eres un hombre muy atractivo, me gustaste desde cuando tu esposa me presentó contigo-, la jalé hacÃa mi y le busque la boca.
Luego de entablar un beso bastante húmedo, mi mano se metió entre su entrepierna y llegué rápidamente a su cuquita negra, casi toda depilada, después levanté su top y mi boca bajó llegó hasta sus senos y chupé con deseo sus oscuros pezones, luego los metà entre mi boca y los lamà por dentro, para todo esto Inés gemÃa y cerraba sus ojitos como degustando lo que yo le hacÃa. Yo estaba ya fuera de si, le acariciaba de arriba para abajo su rajita con mis dedos, los cuales mojó casi de inmediato. Le dejé ir un dedo dentro de su rajita, ella gimió y se abrazó más a mi como aprobando mi inserción, por ello me animé a meterle un segundo dedo dentro de su húmeda vagina. Luego mientras le mamaba una de sus tetas le empecé a meter y sacar mis dedos en su rajita en una clara masturbación. El interior de Inés estaba muy mojado, sus jugos vaginales eran más viscosos que los de mi mujer, se metÃan entre mis dedos.
La estuve penetrando con mis dedos hasta que creo que alcanzó un orgasmo, nos besamos otro buen rato y luego ella se separó de mi, se empezó a quitar la ropa lentamente mostrando sus buenos atributos, se quedó solo en su tanguita rosada, luego me fue quitando el pantalón y mis calzoncillos, ante su mirada emergió mi verga erecta a su máxima expresión, mis siete pulgadas parecÃan un mastil de barco. Comenzó a lamerla como si fuera una rica paleta, luego sus labios gruesos y morenos tragaron el glande y lo chuparon con mucha dedicación, sus grandes ojos no dejaban de observar los gestos de pasión que yo hacÃa. Después abrió su boca y tragó lo largo de mi verga, y empezo haciendo un movimiento como follandome la pija con su boca.
Yo lo que ya querÃa era cogermela, asi que la levanté e hice que se pusiera encima de mi verga, ella entendió el mensaje y se sentó sobre mi falo, con su peso lo fue hundiendo dentro de su rajita, abriendo sus labios vaginales morenos e incrustandose bien adentro.
Luego de meterla en su interior, Inés comenzo a mover su tremendo trasero como solo las mujeres de color pueden moverlo, ella contoneaba su cadera para meter y sacar mi verga dura dentro de su gruta con ritmo frenético.
Inés se metia mi verga con galope duro, se notaba que la chica tenÃa inmensas ganas de coger. Mientras me montaba yo me dediqué a chuparle sus tetas y pezones, ella empezó a gemir a alto tono, tuve que callarla un par de veces, ya que los vecinos sabÃan que su marido no estaba porque habÃan peleado, acuerdense que los vecinos se enteran de todo siempre.
Luego le pedà que se pusiera en cuatro hincada sobre el sofa, lo hizo y frente a mi quedó su gran trasero moreno, se le podÃa ver su hoyito arrugado del culo y su raja brillante por sus jugos lubricantes. No me resistÃ, tenÃa que chuparle y mamar ese gran culo, me arrodillé en el piso y comencé a morder y lamer sus grandes nalgas, luego me deslicé entre sus dos masas carnosas y llegué hasta su culito, lo lamà con la punta de la lengua una gran cantidad de veces, ella movÃa su culo y gemÃa repetidas veces sobretodo cuando mi lengua jugaba con su ano directamente. De saciarme con su lindo culito, bajé a su raja, chupe y jalé con mis labios sus labios vaginales morenos, luego abrà con mis dedos su coño y pude ver el orificio de su vagina, su interior era colorado, lamà su clÃtoris mientras dos de mis dedos se metÃan al fondo de su gruta. Inés volvió a quejarse de placer haciendo un ruido fuerte, nuevamente tuve que callarla.
Luego de comerme todo su culo y rajita, me paré y la penetré de nuevo en su vagina, mi verga ya emitÃa ciertas gotas de semen por la excitación, la clavé fuerte y la estuve bombeando duro y seco, sentà que ella tuvo un orgasmo, ya que mi verga salÃa brillosa de su vagina por su eyaculación, a pesar de su venida yo no me detuve un minuto seguà follando a esta hermosa mulata, la tomaba de la nalgas o de la cintura para tomar punto de apoyo para meterle hasta el ultimo milimetro de mi verga. Cuando yo sentÃa correrme bajaba un poco el vaiven de la cogida, no querÃa echarle semen todavÃa, querÃa seguir gozando esta nena.
Mientras hacia pausas, me ponÃa a manosearle el ojo de su culo, le metà la yema de uno de mis dedos adentro, ella no dijo nada, al contrario movÃa sabrosamente su trasero, todo eso me animó a tomar la decisión de metersela por ese agujerito, saqué mi verga dura y echando gotitas de esperma y la coloqué sobre su ano, luego la empujé con cierta fuerza, ella se quedó inmóvil y relajó sus musculos, mi glande abrió su culito y se empezó a meter hacia adentro, ella se quejó pero no hizo el menor intento por impedirlo, poco a poco mi tronco fue perdiendose entre su recto, cuando habÃa entrado un poco más de la mitad, lo empecé a bombear lentamente, asi lo hice hasta que ya entraba todo, de allà en adelante comenzamos otra serie de movimentos ritmicos entre Inés y yo, que gran culo me estaba cogiendo!.
Le di una cogida rica de culito a Inés, ella la gozó también, ya que la oà quejarse de otro orgasmo. Yo no dure mucho tiempo dentro de su recto, ya que me habÃa estado aguantando las ganas de venirme, pero su culo estaba muy apretado y me estimuló la verga, seguà bombeandole hasta que exploté dentro de su hoyito arrugado, le eché un gran chorro de semen caliente en su interior, claro que emità un casi rugido cuando me corrÃ.
Nos vestimos y seguimos charlando un rato más, cada poco ella se acercaba para besarme los labios. Me despedà no sin antes decirle que ya deseaba repetir otro encuentro con ella. Y no esperé tanto por ello, ya que a los dos dÃas, la estaba llevando a un motel para cogerla por segunda vez, nuevamente la cogà por dos lindos y morenos agujeros, la nena era buena en la cama. Inicialmente me mamó la verga hasta que me derrame en su boca, luego le metà hasta tres dedos, dos en su rajita y uno en su culito, la papjie hasta que me llenó los dedos de su eyaculación, fue increible de nuevo.
En que termino todo?, Inés salÃo de ese apartamento, ya que Anthony le habÃa dicho que estaba a su nombre, ella ahora vive en otro a unos quince minutos de allÃ; hemos seguido viéndonos intimamente, que clase de culo se anda y yo le sigo dando duro. Ella está en trámite de divorcio y no quiere ceder.
Fuente: www.relato7.com
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